COMAS POR CRISTINA BUSTAMANTE

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JULY SOLIS MENDOZA

 

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ANÓNIMO

 

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,

hoy supieras ser Dios.

César Vallejo

 

 

Qué pasaría si dios fuera mujer

o, peor aún,

qué pasaría si dios fuera gay

 

¿a qué boca causaría esta plegaria muerte?

 

Aun así, yo seguiría orando

 

Si dios fuera gay, Jesús

también lo sería

porque eso se contagia de padre a hijo

no hay duda

 

Entonces

Jesús sufriría en la tierra a causa del verdadero hombre

no de actores hollywoodenses

ni escenografías montadas

Ahorraríamos en apóstoles ángeles judíos perversos

y una virgen

(Qué difícil es hallar una virgen en la esquina de un parque

y bajo un árbol se deje amar por un ave)

 

Por eso dios está en desuso

 

Pero si dios fuera gay entraría en vigencia

Sufriría desde su nacimiento

cuando se le quiebre una patita, y la madre

—como toda madre constante—

intentara cosérsela

 

Ya de joven, un vecino sería el primero en llamarlo maricón

Lo expulsarían de su casa de su barrio

de la cancha de fulbito

 

Día y noche caminaría en una infinita peregrinación

sin más parábola que su cuerpo destrozado

atravesado por cientos de miradas

No le dejarán tener familia

le atarán le gritarán le escupirán

y al ser crucificado

no será necesario Herodes ni Pilatos

cualquier peatón querrá clavarlo en la madera

para decirle:

Eso es lo que te gusta

 

La escenografía estará desmontada

Será el mundo mostrándole su sexo

su verdadero rostro

 

Si dios fuera gay

—si lo pensamos un solo instante—

tendría más sentido

 

Sería más fácil hablarle todas las noches

y decirle Vallejo no sabía

 

Pero dios tuvo miedo de ser

de que el hombre lo mate lo desaparezca

y la madre sufra

y prefirió ser dios

y no una mariquita con aires revolucionarios

 

 

Esto lo supe una vez que le conversaba

y preguntó, con un temblor delicado en los labios,

Si un hombre puede amar a su semejante.

 

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July Solís Mendoza. Lima, Perú, 1988. Egresada de la escuela de Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue una de los ganadoras del Premio Nacional de Poesía Joven Javier Heraud (SENAJU, 2014). Ha publicado los poemarios Leche derramada (Paracaídas, 2015) y Balbuceos de un pequeño dios (Paracaídas, 2018). En la actualidad, se dedica a la docencia universitaria y escribe un libro con base testimonial y matices poéticos sobre la vida del migrante andino.

 

KATHERINE MEDINA RONDÓN

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Murciélagos

Ha llegado el tiempo de los murciélagos

y la ancestral incomprensión

de que mi cuerpo es solo un cuerpo,

y nadie se muda en él;

solo asienta un nuevo inquilino,

cuyo abrazo ciñe mi nicho cual oruga

y se envuelve de balas verdes y amarillas,

tan rancias y desgastadas

que se evaporan con el sudor del esfuerzo

de haberme abierto las piernas

como a una virgen hacendosa.

Y me pregunta si nos veremos de nuevo.

¿Cómo negarle la muerte a un suicida?

No me atrevo siquiera a tocarlo,

a respirar cerca de su cuello,

ni pasar mi afilada lengua

sobre el azul de su mirada abatida.

Y creo que es enorme

por superar los rencores

de haber sido traído a este mundo

sin consulta previa,

y a pesar de todo,

al escribir estas líneas,

he tenido que asesinarlo.

 

El día en que intenté asesinar a Mr. S.

Nadie sabe por qué me pongo violenta

cuando las ranas tocan el tambor.

¿Será la alineación de los planetas

o mi brújula sin meridiano?

Nadie sabe por qué cruzo el puente al revés

y torturo a los conejos hasta que confiesen

o salten por el precipicio con un poema en el cuello.

Nadie sabe por qué cogí un cuchillo

y quise atravesar la yugular de Mr. S.

con un tajo perfecto,

ni por qué en un pestañear

se firmó la paz en los estuarios.

Nadie sabe si queda miel en la cocina

o si las moscas se siguen haciendo

las mismas preguntas

al enterarse de un llanto en el tejado.

 

Ménière

No hay a quién imputar por el llanto. Nadie te dijo puta,

son las voces que edifican un presidio en tu juicio.

El hombre que atiza el nebuloso respiro del presente no existe

más que en el astillero que visitas cuando sueñas.

 

Nadie te obligó. Tú escogiste arrastrarlo a su domicilio cuando estuvo ebrio,

las injurias y porrazos que recibiste para que no golpee al taxista

es solo la confusión que hiela de pavor los hospitales.

La sombra de su madre no te gritó embustera, ni te mandó a casa sin un cobre.

 

Nada vulneró tú ánimo. Esa presión en la sien no existe,

el temblor que estalla en el duramen de tus órganos

es una ilusión, otro cuerpo flotante suspendido en tu campo visual.

Las imágenes que descienden con furia

son una respuesta que se ha inflado con exageración.

Nadie ahogó tu luz. Siempre fuiste bien amada.

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Katherine Medina Rondón (Perú, 1994). Poeta y artista visual. Ha publicado: Murmullos y volantes (Aletheya, 2012), Amor en cuatro actos y otros cortejos (Casatomada, 2013), Mínima celeste (Transtierros, 2016), Disidencia (Cascahuesos, 2018) e incluida en la muestra dinámica de poesía latinoamericana Tea Party III (Cinosargo, 2014), Antología XXII Enero en la palabra (Gobierno Municipal de Cusco, 2018) y Memorias del 28° Festival Internacional de Poesía de Medellín (Prometeo, 2018). Ha presentado la muestra pictórica bi-personal “Comisura” en el Centro Cultural Casa Blanca (Arequipa, 2016) y participado en diversas muestras artísticas colectivas. También ha colaborado en revistas tales como: Destiempos modernos, La ira de Morfeo, Delirium Tremens, Redacción Popular, Letralia, Palabras Diversas, Lucerna, Travesti Fanzine, El Corsé, Caleidoscopio, Verboser, Ojo Zurdo, Fórnix y Ulrika. Actualmente se desempeña como redactora de la sección cultural del semanario Vista Libre.

NATALIA ROJAS

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la mano tuya está-no, reemplaza a tus ojos cerrados. dios dice y de acá se retira. me deja tu mano, está-no. dios se marcha sin olvidar en su libro tus ojos abiertos. en los libros no se repiten los números de las páginas. en mi estadía tu mano se repite ausentemente, está-sí

y quedarme vapor. caudal llano de viento, ojos de la fruta aguda que habita en la mano. temblando en el recorrido de cada pata y bruces de este animal que me lleva a la residencia. alelí y cúrcuma. y hacerme beso alzando la mudez del tacto. la brisa y el trueno cierran el día. me aúpo, relincho e incendio la sombra del poema perdido: el que no escribo cuando me hago vapor. el que no escribo, pues lo encielo, lo dejo a tus ojos, lo enpiedro, lo entrigo, lo firmo con tu nombre

se enmohece y se encalla como el betún del párpado que mira y pestañea en lo lejano. haz un nido y muéstramelo. haz de este eco de plumas un órgano de fuego, no te lo he dicho

Pedernal (2011)

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Natalia Rojas  (Chile, 1983) tiene estudios de Literatura y Restauración. Publicó  Pedernal  en coedición Chile-Argentina por Cuadro de texto y Ediciones VOX, Santiago-Buenos Aires. Sus poemas aparecen en revistas virtuales, fanzines y en antologías como  Conrimel, encuentro latinoamericano de mujeres poetas  (Inubicalistas, 2010),  Entrada en materia: 17 poetas jóvenes chilenos  (Altazor, 2014) y  Del caos a la intensidad: vigencia del poema en prosa en Sudamérica  (Hijos de la lluvia, 2016). Los poemas que aquí publicamos pertenecen a  Pedernal  (2011) ya un futuro poemario que será publicado por la editorial Ay de Seis en 2019.

VICTORIA COLAJ

38484159_10216722636042967_1550966983267188736_nAquella noche fui llanto, luego origen, obsidiana, flores.

También un poco de dolor envuelto en perraje de luciérnagas.

¡De pronto! lluvia, eclipse, resplandor solar que escupe fuego,

Aquella estrella que esperabas, la tarde de rebeldía que anhelaba.

El alimento que faltaba, la milpa tierna, la culebra amarrada

en la trenza de tu cabello.

Si, así es como lo recuerdo.

Rompiendo hueso por hueso, para armar el camino

Y reencarnar nuestras almas en las nubes terciopelo.

 

Fui sueños destruidos en la memoria,

Fui el humo que acaricio tus labios. Si, aquella noche infinita

Donde retoñaron mi lengua y las raíces del tiempo.

 

Ri jun aq’a’ ri’ xinok oq’ej, chirij ri’ tikirib’äl, chay, kotz’i’j.

Chuqa jun molaj q’axomal pison chupam jun kuchb’al ri b’anön chi chupuy qäq’

¡Saqowan! job’, k’ulq’ij, ruyik’lunil ri q’ij ri nupub’aj q’aq’

Ri jun ch’umil ri awoyob’en, ri jun tiqaq’ij richin kikotem ri woyob’en

Ri wain ri jani toqa ta, ri alaj awän, ri kumätz ruximon ri’

chupan rupach’un ri awi’

Ja, keri’ nin nataj.

Nikiq’äj ki ri b’aqil pa ki jujunal richin ninututej ri’ ri b’ey

Richin yealäx chik jun b’ey ri qak’u’x chikipan ri b’o’j taq sutz’

 

Xinok paxin taq achike chupan ri yakona’ob’äl

Xinok sub’ ri xerumalama’ ri achi’

Ri jun mank’isel aq’a ri’

Akuchi xejotayin pe ri waq’ chuqa ri ruxe’ ri ramaj

 

Victoria Margarita Colaj Curruchiche. Nacida en el año de 1986. Amante de las letras y la fotografía, miembro activo del colectivo de escritores Ajtz´ib´ de San Juan Comalapa. Participaciones en diferentes festivales de arte y poesía.

Publicaciones:

  • Poemario Como Agüita de tuj Publicado por Editorial POE (Editorial Pequeña Ostuncalco) 2017. Hecho en San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango, Guatemala
  • Antología, Mujeres del viento, siete nuevas poetas Guatemaltecas, publicado por Metáfora Editores 2017, Quetzaltenango, Guatemala
  • Antología, poetas comalapenses Alaxinaq pa taq k´ichelaj (Nacida entre montañas), 2017, publicado por Ajtz´ib´ Editores, San Juan Comalapa, Chimaltenago, Guatemala.
  • Muestra poética 5to Festival Internacional de Poesía de Aguacatan,”La Poesía es Libertad” publicado por Cafeína Editores 2018, Aguacatan, Huehuetenango.

 

 

MARTÍN ZÚÑIGA CHÁVEZ

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0. El dulce sonido de la música en la televisión.

Eran los mudos comienzos del siglo. Un niño perdido de dieciséis años, luego un nuevo año durante dos semanas, tomó un autobús y viajó al oeste. Al siempre viejo y peligroso oeste. Nadie podría decirle qué era el oeste: las ciudades casi costeras donde crecimos en cada esquina, donde cualquier sueño puede terminar en algo que devora. Lo de siempre: un migrante con muchos sueños, sueños criados poco a poco en las pantallas de televisión. Sin nadie quien viese por él. Ni él mismo. Siempre está en el mundo. La familia es la forma que tienen para hacernos creer que no estamos solos, y en realidad nadie puede asegurar: cada familia tiene un crimen o un santo entre sus filas. Un pequeño caníbal totalmente solo.Total que llegó a una ciudad perdida en el medio oeste, una ciudad blanca como un escupitajo de tuberculoso. No sabía cómo comenzar, así que fue anotar poco y poco después leer y leer antes de dormir. Entre escribir qué le pasaba y leer, se iba a hacer todo el tiempo. Entonces se vio a sí mismo convertido en palabras sin dirección ni peso, garabateadas en cuadernos escolares y amarillos. Por eso se tiró bajo las ruedas de los trenes en movimiento. Por eso, toda la noche, se dedica a escribir lo más rápido posible sobre los días que he tenido, las calles vueltas a oscurecer, el agua que no iba a beber.Por eso puse música en la casera –en aquel tiempo todavía existían caseteras–, juntó su poca ropa en el centro del cuarto, esparció todo con queroseno –en aquel tiempo todavía en los grifos vendían querosene– y empieza a quemar todo. Nunca llegó a tener dieciocho, pero poco a poco se distorsionó con la modulación. Por eso de muerto hizo milagros y el pueblo lo santificó. Esto fue antes de que todos tuvieran cámaras a la mano. La calle donde dormía terminó en cenizas, pero no hubo ningún muerto, como sucede con los santos. Esa calle tiene su nombre. No es una calle que ha ido viajando por el mundo.Y algunas noches, los televisores de la ciudad, sin venir a un cuento, se prenden solos, y hay estática y armónicos y la imagen se distorsiona, y algo entre todo error. En algunos programas llaman a eso mancias, pero casi nadie se da cuenta, entre tantos televisores olvidados por los que duermen. Por cierto, bróder, ¿qué tanto duermes?  

 

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Leí mientras despertamos en el periódico oficial de la nación:

Solas se oyen las calles no se garantizan la vigencia de los derechos

y libertades constitucionales en su huir brutal de carnicería

por eso cuando grande como parte de la declaratoria

cesa la plena vigencia de los derechos ciudadanos quisiera ser

lector, algo que es por libertad de acción, detención legal,

interrogatorio a detenidos o presos, libertad de locomoción mucho

más civil, honrado y modesto que este miedo con caries

derecho de reunión y manifestación y portación de armas, contenidos

en los artículos citados pero mientras tanto, escarbo días a mano

 

País abierto

un alarico, todista

 

mi país es tan pequeño que si me levanto

por el lado izquierdo de la cama

ya soy un extranjero mi país

no tiene más que una sola estación de salida

de autobuses. en mi país cuando trajeron

Un cristo crucificado para la única iglesia

tuvieron que cortar un brazo para

que entrara. en mi país los días

duran la mitad y la gente tiene

herramientas que a la vez son una taza

Un taladro una espada un tambor una silla.

para que la comida dure el doble

Comemos frente a los espejos.

ahora que viajo me doy cuenta

que solo se puede hacer bien el amor

en mi país. cuando vino la sequía

nadie se dio cuenta. cuando llegó

el invierno incendiamos la iglesia

y creamos al menos tres religiones más.

mi país tiene la misma cantidad

de alfabetos que de personas.

al miedo no lo conocemos pues hemos

sembrado tanto horror en el mundo,

que solo le tenemos pánico a dormir

porque en mi país nadie sabe

convertido en qué se puede despertar.

 

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Martín Zúñiga Chávez (Cusco, 1983)

Es poeta, editor, gestor cultural y catedrático. Acaba de publicar el libro de no-ficción No siga ese pájaro (Paracaídas editores, Perú, 2017). También publicó Gavia (Ediciones Fecit, España, 2009), Pequeño estudio sobre la muerte (Ediciones Cope, Perú, 2010), Cover (Editorial Difacil, España, 2011), entre otros. Su obra ha recibido importantes premios en España, México y Perú.  Es maestrista en Literatura en la especialidad de Análisis del Discurso por la Universidad Nacional de San Agustín. Coorganiza el Festival Internacional de Poesía de Arequipa, gestiona espacios literarios (encuentro con autores, club de lecturas, etc.) en el sur de Perú y desde hace varios años gestiona el proyecto Urbanotopia.

 

María Belén Milla Altabás

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Devenir del río

Tú milagroso

y cierto como el día

de tu cabeza amarilla se arrojan los patios

las sábanas los cipreses mojados cada uno de nuestros perros

la música sin nombre que habla del sol de los carros

que existen en la primavera como llamativas

cajas de fierro y estrellas

y luego me arrojo yo

porque todo el mundo sabe

que la cima es un lugar perfecto

y nada habita en lo perfecto nada

pero apenas desaparece tu cabeza amarilla

y ya creces como cíclope o talismán

y provocas el movimiento de los animales

del río que rota con tu pulso

tú como el único planeta huérfano y visible

mi obelisco mi barca

inclinado anunciando vuelo

llevándome como un insecto lleva su alimento

y quizás yo sea ruta sea campanario

sístoles doradas que escapan de mí

como caballos y palabras

o este poema que no entiendes

pero que es bello

te juro

es bello.

 

El beso

Me van a decir que todo

transita a pesar de nosotros

a pesar de las cabezas que imaginan

el infinito

y las luciérnagas

que aparecen como equivocados hechizos

bajo los postes de luz

me van a decir que no

es el infinito

el que llena las superfi cies como ranas

después de la muerte

el que estrella su rostro antiguo

para que todo respire

y me van a decir

que tampoco yo alcanzo

a diferenciar siquiera

la velocidad de un ángel

o de un proyectil

que en las ceremonias del cuerpo

el crecimiento no es dulce ni furioso

que ningún faisán fecunda la soledad que crece

como un dios

que no se comporta de ese modo

la luz

y que tampoco hay amor

ni semejante cosa

como el infinito.

 

Como un idiota

Hay que ser testarudo

para ver el mar

sin echarse a temblar

aplastado enterrado con la sonrisa maltrecha

con grave espuma

de tanto verlo llegar

y partir

y despedirse falsamente

y volver como preguntando cuándo

cuándo

y uno ofreciendo la más creyente entraña

en largas muy lentas palabras

todo como perlas sobre un inexistente

y solo castillo

hay que ser testarudo

para haber visto el mar

y seguir hablando de poesía

de dios

del equilibrio

de ti continental de ti único mar

hay que ser testarudo

y exagerado

pero sobre todo

hay que creer creer creer

como un idiota.

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María Belén Milla Altabás (Lima, 1991)

Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde se desempeñó como docente durante tres años. Este año empezará a estudiar la Maestría en Estudios Medievales en la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado los libros de poemas titulados Archipiélago (Celacanto, 2016) y Amplitud del mito (Alastor, 2018). Algunos de sus poemas han sido incluidos en antologías de Perú y Latinoamérica. En 2017, quedó finalista del X concurso “El Poeta Joven del Perú” con una primera versión de Amplitud del mito.